Despertar en Milán

Aterrizamos ayer en Malpensa, después de un vuelo breve desde Madrid que, en apenas dos horas y media, nos trasladó del sol castellano al aire húmedo y elegante de la Lombardía. Milán nos recibió con su ordenada belleza de ciudad industriosa, donde la historia y el diseño conviven sin alardes. Desde el aeropuerto, el autobús nos llevó atravesando llanuras infinitas, viñedos y fábricas antiguas convertidas en galerías, hasta que la ruta nos llevó al corazón de la ciudad: un mosaico de tranvías, bicicletas y vitrinas iluminadas.


Anoche paseamos por Navigli, el barrio de los canales ideado por Leonardo da Vinci en el siglo XV para conectar el Ticino con el Adda. Hoy sus aguas reflejan faroles y risas, terrazas llenas y el bullicio de los jóvenes que se entregan al aperitivo milanese. Allí cenamos en una trattoria recomendada por la milanesa Eliana Bresolin, quien nos habló de su infancia entre las vías del tranvía 3 y los aromas de ossobuco y risotto alla milanese. Pedimos pasta fresca, vino lombardo y dejamos que la noche corriera despacio, como el agua que fluye bajo los puentes de Navigli.
Esta mañana me despierta el rumor metálico de los tranvías: su campanilla parece marcar las horas de una ciudad que no se detiene. Afuera, el otoño se cuela por las rendijas del hotel. Las hojas tiñen las avenidas de ocre y oro, mientras las fachadas neoclásicas parecen bañadas por una luz que sólo Europa sabe fabricar. Milán amanece elegante y serena, como una mujer que no necesita hablar para hacerse notar.


Desayunamos cornetto de pistacho y café con leche en una esquina de Corso Buenos Aires, rodeados de locales que hojean el Corriere della Sera. Maripaz y yo intentamos nuestro italiano con un acento loriquero aprendido de los Avena y los Buboli, aquellos inmigrantes que en Lorica enseñaron a fermentar la leche y a hablar con las manos. Entre risas y recuerdos, pienso que volver a Milán es también volver a aquella memoria mestiza que une el Sinú con el Po: dos ríos que, aunque distantes, comparten el mismo rumor del viaje.

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