CRUCERO POR EL MUNDO


Por: ENRIQUE CORDOBA ROCHA

En Ámsterdan abordamos el crucero que le dio la Vuelta al mundo. Nuestra Aventura Ártica y Atlántica nos llevó por Reikjavik, Islandia, Caqortoq, Groenlandia, St. John’s, Newfounland y Halifax, Canadá, Nueva York, Bermudas y Coco Cay con final en Miami.

Tres días antes de abordar recorrimos Ámsterdam, salimos a los pueblos de la campiña holandesa, y tomamos el cóctel clásico Old Fashioned, en el Kwaiiteid Sainds, un bar del 1.679, en la zona vibrante de la ciudad de los canales.

1.LOS HOLANDESES SON LOS CHINOS DE EUROPA 

Comenzamos el tour en la Plaza Dam, corazón de Ámsterdam, dominada por el majestuoso Palacio Real. Nos dejamos llevar por las calles adoquinadas hacia el bello barrio Jordaan, con sus vistosos canales, cafés acogedores y casas inclinadas. Aquí, la vida se mueve a un ritmo diferente: más lento, más reflexivo. Nos detuvimos en la Casa de Ana Frank, donde la historia cobra vida. Comimos arenque con pepino, recién traído por veteranos pescadores. Conocimos el barrio judío y la historia de cómo creció el imperio Heineken, durante la peste, mientras tomábamos cerveza. Visitamos al Museo Rijksmuseum, hogar de importantes obras del Siglo de Oro neerlandés, como “Ronda de Noche” de Rembrandt. En la tarde fuimos al Barrio Rojo, mezcla de entretenimiento, cultura y vida nocturna.

El sábado visitamos la campiña de Holanda. Zaanse Schans, es un pintoresco pueblo que parece detenido en el tiempo, con sus molinos de viento majestuosos que dominan el horizonte. Observar el paisaje fue como asomarse a la primera zona industrializada de Europa de la s. XVII. Nuestro siguiente destino fue Edam, el pequeño y encantador pueblo famoso por su queso y los suecos. De ahí, nos dirigimos a Volendam, un vibrante puerto pesquero, donde probé un arenque fresco. Un pescado clásico de la gastronomía local, resomendado por John Jairo Hoekema, un amigo de cultura holandesa y corazón colombiano. Dimos un paseo por Marken, una isla que parece haber escapado del tiempo. Pudimos ver como los holandeses han puesto su capacidad de trabajo, la inteligencia y la tecnología al servicio de su país. Apreciamos los diques y polders que hicieron crecer en un 20 por ciento la extensión territorial de los Países Bajos, agregando un polder Fleboland, de 1.500 metros cuadrados a su superficie, ganándole tierra al mar. Es la provincia número 12. A los holandeses les dicen los chinos de Europa, copian productos y tecnologías de otros países,  lo innovan, son más eficientes, mejoran su calidad y lo venden con buen marketing:  quesos, la cerveza, tulipanes y técnicas de construcción de barcos. Son tomadores de leche; y en los últimos 50 años han crecido en promedio, cinco centímetros de estatura. Los hombres son los más altos del mundo y las mujeres figuran entre las más altas. A pesar de tener una extensión tan pequeña como la de Extremadura, Holanda es el segundo mayor exportador de productos agrícolas, del mundo, solo superado por Estados Unidos.

Hay alrededor de 1.5 millones de vacas en el país, mientras que la población humana es de 18 millones de personas. Los holandeses aman el dinero, pero no ostentan, lo gestionan con inteligencia y sin derroche. Tienen un enfoque pragmático de la vida, y valoran el bienestar colectivo. Tienen una larga historia de tolerancia religiosa, de libertad de expresión y de orientación sexual. El ciclismo es parte integral de la vida diaria de chicos y adultos.

Cada lugar tiene su propia magia, pero juntos cuentan una historia de la rica tradición y la belleza natural de los Países Bajos. Recomiendo el tour con Sara Paniagua de Ámsterdam Guías & tours.

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